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El pastel del 21%

29/05/2014

En cualquier caso, nuestro "pastel" cultural no es un alimento de primera necesidad ... Por eso, cuando en casa, en vez de cobrar cincuenta, ahora cobramos veinticinco, sólo necesitamos dejar de celebrar unas cuántas fiestas ...

El pastel del 21%

 

Si de un pastel haces cuatro partes, te puede pasar que a la hora de cortarlo la mano te tiemble un poco y una de las partes te salga más pequeña. No mucho. Sólo —y lo digo a simple vista y sin afán de ser precisa— un 4%.

Luego, al ver tu obra y darte cuenta de que ya no puedes rectificar, mirarías ser amable con tus amigos o justa con tu familia y dirías: "Esta parte, que es la más pequeña, que es la del 21%, me la quedo yo. "

Y todo iría bien si partiéramos del beneplácito de que tú sólo tienes tres amigos o de que tu familia la formáis cuatro miembros. Y aún iría mejor si firmases una declaración jurada según la cual no tienes ninguna intención de comerte el 21% de todos los pasteles que se cuecen en España.

Pero un pastel no es una barra de pan. Es algo dulce, un postre que nos comemos de vez en cuando en las fiestas señaladas. Y como en este país somos gente generosa, cada vez que celebramos algo, invitamos al gobierno. Y lo hacemos tanto si, sentados a la mesa, somos veinte como doscientos. Y si nuestro trocito de pastel tira más bien hacia la migaja, estamos igualmente contentos de que el Estado se siga comiendo el 21% ... (¿O no?)

En cualquier caso, nuestro "pastel" cultural no es un alimento de primera necesidad ... Por eso, cuando en casa, en vez de cobrar cincuenta, ahora cobramos veinticinco, sólo necesitamos dejar de celebrar unas cuántas fiestas ...

Es la crisis. "En tiempos de crisis —me diréis— todos debemos apretarnos el cinturón."

Pero esta norma que, en principio, responde a la ley de la necesidad, deberían comentarla los artistas, o todos aquellos que se dedican -o se dedicaban, porque actualmente 4 de cada 10 han perdido su trabajo - al teatro, a la música, a la danza y al cine.

Y es que nuestro "pastel" tiene un nombre, se llama "industria cultural" y aportaba un 4% del PIB. Pero cuando encareces el IVA y lo subes hasta el 21%, el público deja de asistir a las funciones (en un 31,4%) y a los conciertos (en un 23,6%). Con lo cual la recaudación de dinero en impuestos también baja.

¿Cómo lo habrán pensado esto los señores del gobierno?

No hay otro gobierno en Europa que haya castigado al sector cultural de esta forma, y por muy mala que sea la situación económica en cada país. Ni siquiera en Grecia, donde el IVA cultural es del 13%.

¿Hay alguien que lo entienda?

Pensando en ello, me ha parecido que aquí nos hemos permitido el lujo de tener un gobierno "artista". Un gobierno que mientras va confesando que en tiempos de crisis no puede hacer milagros, se ha decidido por los juegos de manos. Y ha sido capaz de convertir el pastel en una mini magdalena, que ya no le aprovecha a nadie.

 

Roser Atmetlla

Escritora y editora de Promoartyou

Archivado en: Editorial
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