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RECORDAMOS: "Como creador, tengo el mismo derecho a vivir de mi trabajo que un panadero, un mecánico o un médico."

La APE en el Parlamento de Catalunya
20/04/2015

La plataforma Autoras y Autores en Peligro de Extinción (APE) fue fundada hace año y medio por un grupo de escritoras y escritores de literatura infantil y juvenil. ¿El objetivo? Luchar contra la socialización de los libros de lectura. Desde Promoartyou, hemos entrevistado a Eduard Márquez, uno de sus miembros.


"Que la cultura esté al alcance de todo el mundo no puede recaer sobre los hombros de quien la hace"

— ¿Cómo y en qué momento nace la plataforma APE (Autoras y Autores en Peligro de Extinción)?

— APE nace de una primera conversación entre dos escritoras, Gemma Lienas y Maite Carranza, a lo largo de la cual comparten su preocupación por el hecho de que han notado un descenso importante en las ventas de sus libros y se encuentran cada vez más a menudo que, en las escuelas que visitan, los libros que han leído los niños ya no son los de los niños, sino del aula.
En ese momento, deciden convocar a otros escritores de literatura infantil y juvenil (David Nel·lo, Jordi Sierra i Fabra, Àngel Burgas, Francesc Miralles, Anna Manso, Maria Carme Roca, Andreu Martín, Santi Baró, Joan-Antoni Martín Piñol. ..) para ver si esto también les está pasando y qué es lo que piensan al respecto.
Resultó que era un problema que todos habíamos percibido en las escuelas y decidimos poner en marcha una plataforma, primero, para concienciar y, segundo, para intentar encontrar soluciones.

— ¿El problema es la socialización del libro?
— La idea de la socialización nace centrada fundamentalmente en el libro de texto porque se considera que es muy caro y que a menudo sólo sirve para un año o para dos... El problema es haber ampliado la socialización al libro de lectura. Eso quiere decir que desde la escuela se compran 25 o 30 ejemplares de un título que luego se quedan en el aula un curso tras otro.

— ¿Y eso no es bueno?
— En un principio, responde a la intención, desde la dirección de los centros o (más a menudo) desde las AMPAS, de que las familias se puedan ahorrar el dinero de comprar el libro de lectura en un periodo en el que la gente ya va muy justa. Pero es una solución que no tiene en cuenta las consecuencias.

— ¿Qué tipo de consecuencias?
— En la comparecencia que hicimos ante la Comisión de Cultura del Parlament el pasado jueves 23 de octubre, centramos los efectos negativos de la socialización en cuatro puntos. Los efectos personales e individuales con respecto al alumno, al niño; los efectos escolares y pedagógicos; los efectos sobre el sector, es decir, sobre el mundo del libro en todos sus eslabones: editores, distribuidores, libreros y, evidentemente, sobre los creadores, es decir, los escritores; y, finalmente, los efectos culturales.

— Desde la APE, ¿cómo creeis que puede afectar al alumno, al niño, la socialización?
— En muchos casos, los únicos libros que entran en las casas son los recomendados desde la escuela. Y si estos libros se dejan de comprar, el niño ya no va a la librería, no mira y elige, no lo forra, no le pone el nombre y, en el hipotético caso de que el autor vaya a la escuela, no lo tendrá dedicado y no se lo podrá llevar a casa para formar lo que para nosotros es fundamental y que es su biblioteca personal: los libros que lo han hecho crecer, que lo han enriquecido, que lo han emocionado... Además, la familia se desvincula del proceso de crecimiento lector: no visita la librería, ya se lo encuentra todo hecho.

— ¿Piensas que el amor a la lectura tiene algo que ver con el amor al libro como objeto?
— No es sólo el amor a la lectura por la posesión física del objeto, sino por todo lo que esta posesión conlleva: pasearlo, llevarlo contigo cuando te vas de vacaciones, leerlo en compañía, con amigos, con los padres... Forma parte del bagaje personal... Porque los libros que hemos leído son nuestra historia.
Y si enseñamos al niño que el libro sólo forma parte del material pedagógico, haciendo que reciba el mismo trato que la goma, la regla o el libro de texto, va perdiendo valor, y la relación afectiva que podría establecer con él se va diluyendo. Ya no existe el vínculo afectivo que hace que sea algo que quiero tener, algo que regalo, que dejo a mis amigos ...

— ¿Tan caros son los libros de lectura?
— Estamos hablando de libros que como mucho pueden costar unos diez euros. Y estamos hablando, a lo sumo, de tres libros al año: uno por trimestre. La socialización quizás podía tener un sentido positivo, pero en el momento en que la ampliamos del material escolar y del libro de texto al libro de lectura...

— ¿Pero cuál ha sido la causa de que se hiciera esta transición?
— Pienso que aquí se mezclan muchas cosas. Primero, las motivaciones económicas porque es cierto que hay mucha gente que no puede comprar los libros. Pero también existe la idea de compartir que pedagógicamente es buena, pero que tiene consecuencias mucho más graves que el bien que quiere obtener. Y hay también las intenciones ecológicas: si los libros se comparten, trituramos menos árboles para hacerlos. La verdad es que nos hemos hartado de oír estos tres argumentos. Y todo eso está muy bien, pero la escuela y los padres también deben enseñar al niño que tener un libro es importante, que ir a las librerías es importante, que regalar libros está bien, que el libro tiene un valor económico y que detrás del libro hay un creador que lo hace y que necesita vender libros para continuar creando. Debemos enseñar al niño que las cosas no son gratis, que detrás está el esfuerzo y el trabajo de los que nos gusta denominar "trabajadores de la cultura". Por lo tanto, tenemos que encontrar medios para ayudar a la gente que no pueda acceder a la compra del libro. Y es de eso de lo que hemos hablado, también, con los partidos.

— Aquí nos encontramos con las consecuencias negativas que la socialización tiene para el sector ...
— Es obvio, la socialización afecta la cadena entera del libro: editores, productores, encuadernadores, impresores, distribuidores, libreros y, por supuesto, el eslabón más importante y también el más débil de todo este proceso: el autor. Porque resulta que limita sus posibilidades de supervivencia: estamos hablando de escritores que, en algunos casos, han perdido hasta el 50% de sus ingresos. Esto quiere decir que para sobrevivir deben diversificar sus actividades profesionales, lo cual va en detrimento de la escritura. Nos ha costado 30 años tener una literatura infantil y juvenil con creadores sólidos que podían ir generando obra de calidad. El amateurismo forzado del escritor nos parece un retroceso sectorial importante.

— Parece que la propiedad intelectual se haya devaluado. ¿Piensas que Internet, con las prácticas que asumen la gratuidad de los contenidos, ha ayudado?
— Sí, Internet ha favorecido la idea de que la cultura es de todos y que, como es de todos, me la bajo y no pasa nada. La impunidad absoluta con la que la gente se baja películas, libros ... ¡Y mucha gente lo defiende porque la cultura debe estar al alcance de todos! Yo también estoy de acuerdo, pero que la cultura esté al alcance de todo el mundo no puede recaer sobre los hombros de quien la hace. Como creador, tengo el mismo derecho a vivir de mi trabajo que un panadero, un mecánico o un médico. ¡Porque no hemos socializado el trabajo de los mecánicos y los panaderos! La gente sigue yendo a las panaderías y quiero creer que aún se pagan el croissant!

— Y los efectos culturales de la socialización?
— Si los libros no se venden, se descatalogan y los autores han de ganarse la vida de otras maneras. Y como la escritura se convierte en una actividad amateur, escriben menos porque tienen menos tiempo y ya no visitan tampoco las escuelas. En esta situación, y como ha disminuido la producción propia, los editores la importan, contratan traducciones. La pérdida de títulos en catalán y en castellano conlleva, pues, un proceso de extranjerización de los referentes culturales: los niños conocen un puñado de seres mágicos del mundo anglosajón y no saben nada de los minairons de los Pirineos. O, por ejemplo, el Halloween de hoy, el día de los enamorados, el señor gordo de Navidad ... Los chicos saben qué es una secuoya y no saben distinguir un roble de una encina. El editor hace lo que tiene que hacer: si no le llegan títulos y los descataloga porque no los vende, los traduce. La consecuencia es el empobrecimiento cultural por la pérdida de autores del país y por la pérdida del vínculo afectivo con el lector. Y la contradicción final del conjunto: con el argumento de facilitar el acceso a la cultura, es la misma gratuidad de los productos culturales la que elimina la posibilidad de que los continuemos creando.

— ¿Desde la APE habéis pensado en alguna solución?
— En estos momentos, estamos terminando la primera parte de nuestro propósito inicial, que era la concienciación. Nuestra primera finalidad es hacer que el problema llegue al mayor número de gente para intentar conseguir una cierta comprensión y generar actitudes a favor de lo que estamos haciendo. Nos ha costado un año y medio conseguir el apoyo de un buen número de entidades culturales y educativas, de todos los partidos políticos, los sindicatos, los gremios y de las patronales, entre otros, pero una vez lo hemos explicado, nos han dado la razón.
La primera parte del proceso culminó el día 23 de octubre con una comparecencia en el Parlament ante la Comisión de Cultura. Y parece que de cara a noviembre, un documento de buenas prácticas que se ha elaborado y ha sido consensuado por todos estos organismos, será firmado en un acto público bajo el auspicio de la Conselleria de Cultura i Ensenyament. Allí vendrán todos los actores implicados.
En este documento hay compromisos: desaconsejar la socialización y, en la medida de lo posible, evitarla. Ahora bien, aquí terminamos la primera parte del trabajo. La segunda parte es crear una mesa de trabajo para buscar y encontrar soluciones. Pero no somos únicamente los escritores los que las tenemos que encontrar, necesitamos el apoyo de los políticos, de los gremios, de las asociaciones ...
Estamos terminando apenas el primer objetivo. Y después veremos si todos los apoyos nos servirán para salir adelante y encontrar ideas para solucionar el problema.

— ¿Ideas y leyes?
— La posibilidad de legislar al respecto la damos por perdida. Es muy difícil hacer leyes que resuelvan el problema. Los mismos políticos nos lo han dicho. Pero pienso que la comparecencia ante la comisión ha sido útil y que la mesa de trabajo será un paso adelante ... Y luego, sobre todo, a partir del documento de buenas prácticas, convencer a los equipos directivos de las escuelas y las AMPAS. Más trabajo de concienciación porque, de hecho, lo que pasa es que la gente no cae: no cae en que se recibe un bien, que te estás enriqueciendo emocionalmente e intelectualmente, y que la persona que lo hace posible no recibe nada a cambio.

 

¡Gracias, en nombre de todos!

 

Roser Atmetlla

Autora en Peligro de Extinción y editora de Promoartyou

 

Podéis ver aquí el video de su comparecencia en el Parlament de Catalunya

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