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ARTE Y ESPIRITUALIDAD

"Espai Sagrat", de Pep Aymeich & Jordi Esteban
"Mare Crisàlide" de Fèlix Atmetlla
Sense títol 2015, de Jordi Isern
De izquierda a derecha: "Immersions (Oriol Teixidor), "Nigrum" (Fèlix Atmetlla), "El món com a meditació" (Maria Mercader).
05/11/2015

Los días 16 y 17 de octubre en la Iglesia de Sant Domènec de Girona y en el marco del "VI Parlament Català de les Religions", un grupo de ocho artistas plásticos que se reúnen desde hace varios años para celebrar lo que ellos llaman "Cercle de Conversa", expusieron algunas de sus obras.

 

Fue una exposición corta, de dos días, ya lo veis. Pero no pequeña, si tenemos en cuenta las obras que se exponían. El lugar, la antigua iglesia, convertida en Aula Magna de la Facultad de Letras y bautizada tan acertadamente con el nombre de "Modest Prats" en recuerdo del sacerdote, filólogo e historiador tan admirado y querido en Girona, no parecía tanto una sala de exposiciones como un edificio que hiciera resonar -iba a decir "una cuestión", pero creo que más bien se trata de un diálogo-; que hiciera resonar, pues, un diálogo establecido entre el arte y la espiritualidad.

Una exposición de sólo dos días, en términos estrictamente comerciales o económicos, ya es sinónimo de desastre. Pero dice mucho de la actitud misma de este grupo que se acoge a la antigua Iglesia de Sant Domènech y que agradece al Grupo Vivàrium Gerisena el haberles ofrecido la ocasión para exponer su obra.

Y con todo, como he dicho antes, el entorno sólo tiene la misión de "hacer resonar", porque por muy impresionante que sea, no hará que la obra y el artista a través de ella expresen más claramente su compromiso. Esto creo que es así. Y al mismo tiempo, una vez he escrito el preámbulo del artículo y cuando me planteo el poder desarrollar el título mismo, me doy cuenta de que no sé muy bien qué puedo decir.

¿Quién es capaz de dar lecciones sobre un diálogo?

Para mí, hay unas cuantas cuestiones -y no sé si puedo decir cuestiones o se trata más bien de un impulso o de una intuición- que se me mezclan con la de cómo pagaré el alquiler, qué haré con mi trabajo o cómo me comportaré con aquellos a los que amo. Estas últimas a menudo enmascaran y ganan la partida a las otras: pienso y pienso porque me he educado com la idea de que si hago funcionar la cabeza, puedo resolver lo que se me presente. A veces, todo termina en una maraña. Y aunque yo me diga que poco a poco voy "construyendo" mi vida (mi ser), lo que queda es la maraña.

No me planteaba en absoluto el paseo por la iglesia de Sant Domènec como un ejercicio estrictamente placentero o agradable. Ante una obra de arte, una de verdad y sea de la disciplina que sea, agradezco la sacudida. Aquella que me lleva más allá del mundo concreto, un poco más allá de los límites demasiado estrictos que a menudo dibujan, los dos juntos, mi misma corporalidad y mi yo. Y es que si no es así, el mundo que queda, me resulta demasiado estrecho.

Tener la oportunidad de ir más allá (sea cual sea ese más allá), me da perspectiva. No puedo pontificar sobre el arte y la espiritualidad. Y menos aún, dar lecciones. Pero sí agradecer a estos artistas que quieran abrirse a ese diálogo.

 

Roser Atmetlla

Editora de Promoartyou

Archivado en: Editorial
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