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“PEQUEÑAS HISTORIAS DE BANQUETES” EL PROYECTO DE... MARTA GÓMEZ MATA Y FÈLIX RABAL QUIEXALÓS. Escritora y profesor de filosofía.

Los autores firmando, el día de la presentación
Durante la presentación
Las dos ediciones: catalán y castellano
Matilde Martínez, editora de Godall
Fotos de Irina Gimeno Coso @Irina_gc
18/03/2016

Un libro que pone en relación los banquetes, la filosofia y el vino mientras nos guía hacia los orígenes de nuestra cultura. Una obra escrita a cuatro manos que os recomendamos muy vivamente; y que sus mismos autores os presentan en esta entrevista también a cuatro manos.

 

Cuestionario Promoartyou:

1. ¿Un libro a cuatro manos puede hacerse sin conversar?

F: Creo que no. De hecho nosotros hemos hablado bastante.

M: Rotundamente, no; pero es que sin conversar pueden hacerse pocas cosas en esta vida...

2. ¿Y sin una copa de vino?

F: La copa de vino llega al final del acto de escribir. Ahora bien, mientras se escribe mejor una taza de te.

M: Desde mi punto de vista la copa de vino debe reservarse al momento en que se ha colocado un punto. Es perfecta para releer lo escrito, pero mientras se escribe... mejor, una infusión.

3. ¿Os parece verdadera la expresión “In vino veritas”?

F: Algún grado de certeza debe tener el adagio ya que es una expresión que aparece a lo largo de la historia de la literatura y la filosofía y en muchas culturas. Así, a guisa de ejemplo, la encontramos en la cultura griega, la romana y la judía, aunque ésta última utiliza una variante y no habla de verdad sino de “secreto”.  De hecho, esta expresión es uno de los nexos de unión de casi todos los banquetes que explicamos en esta obra.

4. ¿La filosofía y la literatura se reencuentran sobre todo en el banquete de Platón o en cualquier otro banquete?

M: Se entrelazan sin cesar; yo diría que la una necesita a la otra para expresarse y la otra a la una para ser capaz de profundizar.

F: La filosofía y la literatura se reencuentran en todos los banquetes ya que, por un lado, todos los textos son auténticas joyas literarias, es decir, a nivel formal están muy bien escritos, y al mismo tiempo, todos reflexionan sobre los temas que han sido tratados por la filosofía a lo largo de su historia.

5. ¿El simposio puede aportar alguna cosa al “botellón”?

M: Un punto de reflexión y de consciencia de lo que hacemos que sería muy beneficioso para subrayar lo bueno que puede producirse en un botellón.

F: Creo que sí. Puede servir para poner orden y medida en la ingesta de alcohol. En el simposio no buscamos la embriaguez, buscamos el disfrute del vino, de la palabra y de la compañía, ya que mientras bebemos también hablamos de la cosas humanas y las divinas.

6. ¿Os atreveríais a asistir a un banquete donde la bebida fuera únicamente el agua?

F: Sí que podría asistir, aunque lo encontraría un poco extraño.

M: A mi también me resultaría extraño pero sería capaz de aceptar el reto, sí.

 

Fèlix y Marta, habladnos de vuestro proyecto:

–– “Pequeñas historias de banquetes” empezó como una conferencia…

F: Fue así exactamente, una conferencia que iba circulando por Bélgica y por Cataluña. En Bélgica la daba en el marco de la difusión de la lengua castellana y el vino; y por lo que se refiere a Cataluña, la daba en el marco de la cultura del vino. Qué significa esto? Pues bien, era una conferencia que se podía dar para celebrar la finalización de la vendimia o bien para dar la bienvenida al vino joven.

Paralelamente, la conferencia iba creciendo, por un lado, con nuevas lecturas y por el otro con las aportaciones, comentarios, etc., de las personas que asistían.

M: Y se ha convertido en un libro: un recorrido a través de muchas narraciones de banquetes, diálogos y vino a lo largo de la historia. Pequeñas historias de banquetes es un ensayo que invita a disfrutar de la historia, la literatura y la filosofía; y también a enriquecerse con los detalles y a continuar “tirando del hilo”. Quiero decir que es un libro que abre la puerta a muchos otros libros, películas, músicas...

–– ¿Como surgió la idea de este libro a cuatro manos?

F: A menudo, al finalizar la conferencia había personas que me preguntaban si existía también en libro. De alguna manera, este fue uno de les motivos, y además Matilde Martínez también lo creía. Ahora bien, había un problema: yo no soy escritor, no poseo la aspiración ni el deseo ni la pasión. Eso lo complicaba todo. Finalmente, en el mes de mayo de 2014, en el simposio que hicimos después de la cena para celebrar la publicación de Rostoll  de Mª Dolors Coll, Matilde Martínez tuvo la idea de ofrecer la redacción del libro a Marta Gómez, que también estaba porque era la coordinadora de edición del libro y ella sí es escritora. Marta aceptó inmediatamente.

–– ¿Qué ha sido lo más difícil a la hora de escribirlo?

M: La verdad es que no recuerdo ninguna dificultad, aunque obviamente ha habido capítulos que han necesitado ser reescritos y enfoques que no se han encontrado a la primera sino que han necesitado varias aproximaciones.

–– ¿Y lo más fácil?

M: Sin duda el trabajo con Fèlix y con Matilde, autor y editora. Creo que hemos sido un equipo que comparte conversaciones e ilusión y trabajar con ellos es un verdadero placer.

–– ¿Aparte del gusto por el buen vino y la buena conversación, es necesaria alguna otra motivación para llevar a buen fin una obra como ésta?

F: Sí, la de querer despertar en los posibles lectores las ganas de leer los textos que explicamos ahí y también el querer despertar el deseo de conocer las pinturas y las películas que también comentamos.

M: A mí me gusta pensar que para muchos lectores este libro será una fuente de inspiración, de recuerdos y de buenos momentos. Esa es una buena motivación final. Personalmente, también me resulta muy grata la sensación de haber sido capaz de terminar otro libro, de llevar a la realidad un proyecto que comenzó existiendo solo en el intangible mundo de las ideas.

–– ¿Los eventos se asimilan, se recuerdan o se institucionalizan mejor con un banquete?

M: Sin duda, un banquete es una buena manera de celebrar y así perpetuar en el recuerdo los acontecimientos. No hay que olvidar que los seres humanos somos materia, y nuestra condición física requiere de alimentos sólidos y líquidos. Comer y beber nos conecta con nuestras raíces, con nuestra propia fragilidad, nuestra necesidad de nutrirnos y anclarnos a la realidad. Por eso, entre otras cosas, los banquetes son una parte importante de nuestras vidas.

–– ¿El número de comensales es un detalle secundario?

M: En absoluto, son una parte importantísima. Uno de los capítulos del libro, “El banquete de los números”, explica como el número de comensales siempre está ligado con tradiciones que existen desde tiempos inmemoriales. Seis, siete, doce... nunca es una casualidad.

F: Obviamente, si hablamos de los banquetes de nuestra vida cotidiana, el número de comensales no es importante; aunque después de la lectura de este libro, si se asiste a un banquete, es difícil que no contarlos.

–– ¿Todo lo que ha supuesto el banquete en nuestra cultura desde el punto de vista tanto filosófico como religioso, artístico y literario, habría sido lo mismo si en lugar de vino se hubiera bebido cerveza?

F: La experiencia que tengo de Bélgica, país de cerveza, es que también se hacen sobremesas en torno a la cerveza. Ahora bien, el vino la está substituyendo, supongo que esto querrá decir algo.

M: Pertenezco a una cultura enológica y no puedo imaginarme el banquete con cerveza en lugar de vino, pero supongo que todo son convenciones y tradiciones. Lo que está claro es que la cultura occidental ha asumido que la bebida estrella, desde el punto de vista artístico, es el vino.

–– ¿Se podría decir que el interés por la reflexión que evidenciaba el banquete filosófico, ha ido cediendo ante el discurso emocional del banquete cinematográfico?

M: Vivimos tiempos basados en la imagen, es evidente, pero me gustaría pensar que ambos formatos (el banquete filosófico y el cinematográfico) pueden convivir y enriquecerse mutuamente. Lo ideal es que ambos existan y podamos elegir uno u otro en función de lo que se quiere decir y de la forma de decirlo, pero sin excluir ninguno de los dos.

F: Si contemplamos las raíces de la cultura mediterránea, vemos que es una cultura muy visual. Recordemos las esculturas griegas y romanas que nos muestran unos cuerpos esbeltos. ¿Y qué decir del Partenón? Un templo que tiene las columnas “mal construidas”, desiguales, pero que cuando se contemplan des de el Ágora, se ven todas iguales. También lo podemos comparar con otra de las raíces de nuestra cultura, la cultura judeocristiana que, en sus orígenes, era una cultura auditiva: Dios habla a los hombres, ni Abraham ni Moisés lo ven. Curiosamente, el protestantismo dejará de lado la visualidad: sus templos no tienen imágenes.

Parece, pues, obvio que la cultura visual se ha impuesto y que por esos los banquetes han pasado a la gran pantalla. Ahora bien, los banquetes cinematográficos que nosotros presentamos, parten de la tradición de los banquetes literarios y filosóficos. Los han tenido en cuenta.

–– ¿Hay alguna relación entre la embriaguez y la mística?

F: Las podemos contemplar como una forma de superar la individualidad en la que vivimos cada día para pasar a formar parte del todo, del universo. Dicho a la manera clásica: dejar el dios Apolo y ser acogidos por Dionisos.

–– ¿Históricamente el banquete ha sido el lugar donde los hombres podían hablar (hablar mal) de las mujeres?

F: Éste ha sido también uno de les temas que hemos puesto de relieve en el libro. De entrada, en “El banquete” de Platón no se habla de la mujer posiblemente porque los hombres y las mujeres vivían en mundos separados. Erasmo de Rotterdam, en cambio, sí habla de ellas y lo hace de una manera muy respetuosa.

M: Como en tantas otras celebraciones y momentos... las mujeres no tenían sitio en el banquete clásico y no se contaba con su participación. Esa es otra historia que algún día debería contarse: el no-papel, la no-presencia de las mujeres hasta nuestros días.

–– ¿Hay un momento en el cual el hecho de sentar-se a la mesa puede convertirse en una obra de arte?

M: Yo creo que cualquier actividad humana puede convertirse en una obra de arte, así que la respuesta es que sí.

F: En el libro hablamos de dos banquetes que son obras de arte: “El festín de Babette” y “El Somni” del Celler de Can Roca. El resto de banquetes, aquellos que podemos celebrar nosotros, si son una obra de arte, es efímera.

–– ¿Tenéis alguna otra obra en perspectiva?

F: Yo no soy escritor. No tengo otra obra en perspectiva.

M: Ahora mismo estoy empeñada en poner el broche final a otro proyecto personal vinculado con los libros que he escrito para niños.

–– ¿Podéis dar tres razones por las que recomendaríais vuestro libro?

F: Su lectura es agradable, puede aportar una información no conocida. En segundo lugar, puede ayudar a contemplar con nuevos ojos las películas que comentamos y otras que los lectores pueden conocer. Y finalmente, puede despertar las ganas de disfrutar de largas sobremesas con una copa de vino.

M: Porque es como una cesta de cerezas: se coge una y no se puede dejar de comer otra y otra más. Porque reconcilia con los libros de no ficción, que a veces los lectores tendemos a considerar como menos interesantes. Porque ayuda a valorar más muchas de las costumbres de nuestras tradiciones.

–– ¿Qué es lo que no os he preguntado y querríais decir?

F: ¿Cómo hemos escrito este libro a cuatro manos? En la presentación que hicimos, expliqué el proceso con una comparación: el campesino y el cocinero. El campesino aporta el material de base; el cocinero lo cocina y lo suaviza; y, como dijo el presentador, Gerard Prieto, el lector se lo come.


Gracias a los dos! Salud!

Roser Atmetlla

Editora de Promoartyou


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