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RECORDAMOS: El género de la sospecha

20/04/2015

La escritora Roser Atmetlla imparte en la Escuela de Escritura del Ateneo un curso titulado: "La novela de iniciación: retrato del escritor adolescente". Atmetlla nos habla aquí de la obra de J.D. Salinger y de Carmen Laforet, dos escritores que tuvieron un éxito precoz y una relación atormentada con la propia obra. Reproducimos aquí, traducido al español, el artículo publicado por Roser Atmetlla en el digital de cultura NÚVOL, el 07/28/2014.

 

El género de la sospecha

Carmen Laforet ganó el primer "Premio Nadal" con su primera novela, "Nada" en 1945.

El libro fue un éxito de ventas. El best-seller con el que cualquier escritor sueña: editado y reeditado en todos los formatos y siempre capaz de renovar, a través de las sucesivas generaciones, la admiración de los lectores.

También fue un éxito de crítica. Quizás porque apareció en el momento justo: un airecillo nuevo y fresco, una esperanza de algo, en el mundo herméticamente cerrado y rancio del franquismo.

Después de "Nada", el público y sobre todo los críticos se pusieron a esperar las novelas que hubieran debido seguir.

Pero Laforet escribía demasiado lentamente: hasta al cabo de cinco años no aparece "La isla y los demonios" (1950); hasta después de cinco "La mujer nueva". Y hay que esperar hasta ocho (1963) para leer "La insolación". Y aquí se acaba la lista de sus novelas.

La escritora, además, nunca logró saltar el listón de la calidad literaria que "Nada" había situado a tanta altura. Por una razón o por otra, cada una de sus obras posteriores decepcionó.

Final de la historia? No. Vayamos un poco más allá:

La publicación de "Nada" fue una bomba.

La ganadora del "Premio Nadal" había resultado ser una desconocida de sólo veintitrés tres años.

Y aquel airecillo nuevo y fresco en el triste panorama de la sociedad franquista,resultó ser el de una voz clara y espontánea, la voz de una adolescente que hablaba en primera persona.

Y si bien este era el encanto indiscutible de la novela, es decir, lo que atraía y enganchaba al lector desde la primera página, también era lo que más preguntas y dudas planteaba: "¿Es autobiográfica la novela? "O más exactamente:"¿Es demasiado autobiográfica la novela? ".

Esta era la pregunta que centraba el debate.

Y es que quizás "Nada" era sólo fruto de una casualidad. Y Laforet no era en realidad una escritora, sino una jovencita que había vertido sobre el papel sus experiencias familiares y universitarias en el ambiente de la Barcelona de la posguerra. Una jovencita, pues, que había tenido suerte porque, en ese momento, la sociedad pedía lo que ella ofrecía ... Pero, claro, eso —decían sus críticos— no es exactamente lo que se entiende por talento literario .. . Y la consecuencia previsible sería que ya nunca escribiera otra obra digna de consideración.

Observemos ahora otro caso muy similar:

JDSalinger publicó "El guardián entre el centeno" en 1951. La novela, la única que escribió, fue el bestseller con el que cualquier escritor sueña: inmediatamente se tradujo a varias lenguas y, al cabo de los años, ya se han vendido 65 millones de copias en todo el mundo.

El protagonista, Holden Caulfield —como la Andrea de "Nada— es un adolescente con una voz sincera, espontánea y crítica a la vez; una voz que engancha al lector, que lo convence al tiempo que le hace sospechar que se trata del mismo autor.

A partir de los años 60, Salinger dejó de publicar, de conceder entrevistas; y prohibió que sus fotos aparecieran en las reediciones de sus libros. Esta decisión hizo pensar que el autor era un individuo extraño; y aunque genial, seguramente –como había demostrado en su única novela a través de su protagonista– poco equilibrado.

Él declaró:

"Vivo para escribir. Pero escribo para mí mismo y para mi propia satisfacción. No publicar me reporta una maravillosa sensación de paz. Publicar es una terrible invasión en mi privacidad. "

Una confesión que Laforet seguramente habría suscrito palabra por palabra.

Normalmente los lectores tienen para el escritor una pregunta a punto:

"Es autobiográfica esta novela?"

Carmen Laforet la contestó siempre con una negación rotunda y más bien con malhumor. Salinger, con una fuga aún más rotunda.

Ambos, además de la vorágine del éxito y la presión —digamos creativa— que supuso aquella primera novela de cara a su obra posterior, sufrieron además por una sospecha que les terminó de dañar la carrera literaria: Quizás, al escribir esa primera obra, tan sólo hablaban de su vida ...

La cuestión de los límites entre la realidad y la ficción es un tema de mucho peso porque forma parte de lo mismo que entendemos por literatura. El lector de novelas sabe que para disfrutarlas, debe asumir el primer mandamiento o la primera convención: leerlas como si fueran verdad. Pero si después el autor le convence, entonces "se mosquea"...

Seguramente, el gran "pecado" de Laforet y Salinger fue encontrar una voz que arraigaba en la misma psicología de los narradores —protagonistas— Andrea y Holden —muy maduros a veces y otras ingenuos— tal y como lo son los adolescentes, situados aún entre el montón de posibilidades que la vida les ofrece y el desconcierto ante los primeros sufrimientos al hacerse mayores.

Es decir, que el mismo perfil psicológico contribuía a reforzar la voz de los narradores y ayudaba a construir el espejismo de una primera persona que era —que parecía— real porque tenía el tono justo y propio, el tono de la sinceridad.

Pero estamos hablando de escribir ficción. Es decir, hablamos del oficio de escribir y reescribir hasta encontrar una manera concreta de "decir" el mundo; hablamos de la capacidad de crear imágenes originales, imágenes que ningún adolescente de los años 40 —en el caso de Andrea— no habría usado en la vida diaria; hablamos de un sentido del humor ácido —en el caso de Holden— con una carga de crítica social detrás, sospechosamente madura; hablamos de unas voces que nos parecen reales y nos atrapan al abrir el libro. Hablamos, pues, de escribir una novela, de construir un espejismo, sea cual sea el peso del material autobiográfico.

"El guardián en el campo de centeno" y "Nada" son dos grandes novelas de iniciación. Un género en el que lel conflicto de los límites entre la vida y la literatura, entre lo autobiográfico y lo que es imaginario, estalla con mucha fuerza. Es por ello, que podríamos rebautizarlo como " el género de la sospecha".

 

Roser Atmetlla

Escritora y editora de Promoartyou

 

 

Para seguir profundizando en estos temas, Roser Atmetlla imparte un curso en la Escuela de Escritura del Ateneo barcelonés, titulado: "La novela de iniciación: retrato del escritor adolescente".

Matrícula abierta hasta el 9 de octubre.

 

Ver el artículo directamente publicado en el magazine digital de cultura "Núvol"

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