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Corazones como tostadoras

20/05/2015

Mi personaje más divertido es Simoneta, la feminista sarcástica del Solsonés. Cada semana, los martes, sale en el Región 7, el diario de la Cataluña Central. Para que podáis ver cómo es esta feminista, os dejo aquí un artículo de los suyos!

 

Zygmunt Bauman es un prestigioso sociólogo polaco que nos lleva a reflexionar sobre la fragilidad actual de los vínculos humanos. Y el Óscar más importante, en medio del remolino de los vínculos emocionales, se lo lleva el corazón. Y el Globo de oro es para el amor. Bauman nos dice que el amor del siglo XXI es líquido. Y yo digo que los corazones son como tostadoras.

Me explicaré. Para el señor Bauman la fragilidad actual del amor hace que éste se nos escurra como diluido entre las manos. Para mí, tienen la costumbre de derramarse en forma de fluido. Y es que según él, estos corazones líquidos que se derraman, sólo buscan una satisfacción momentánea, para una necesidad momentánea. Vamos, lo que la gente de la calle traducimos de una manera más grosera (y no tan precisa), para el "aquí te pillo, aquí te mato".

Pero seguimos con las imágenes del señor Bauman porque tienen más nivel. Con todo, él prefiere establecer unas comparaciones con elementos básicos de nuestro quehacer cotidiano. Y es que dentro de casa, ¿dónde pasamos más horas? Yo diría que si lo contamos todo: desayunar / limpiar, cenar / limpiar, ordenar comprar, congelar, descongelar, reciclar ... la cocina, indiscutiblemente gana por goleada al sofá / televisor.

Es bien fácil de entender: él relaciona los corazones de siglo XXI con un concepto también muy de XXI: la obsolescencia. Que se trata de la planificación del fin de la vida útil de un producto -se habla mucho de ello relacionándolo con los electrodomésticos-, para que se conviertan en inservibles dentro de un período de tiempo calculado. Para los electrodomésticos es de unos cinco años. ¿Y para los corazones? ¡Esperaos!

Hoy en día, más corazones de los imprescindibles tienen obsolescencia programada. Y dentro de toda la gama de electrodomésticos, he escogido a la tostadora por su sinonimia referida al caso. ¿A quién no se le ha achicharrado el corazón más de una vez? Aún diría más: ¿a cuántas mujeres no se les ha quedado calcinado por temporadas más largas que las de la obsolescencia?

Y de una comparación a otra: quién tiene el corazón mejor dotado de valores sólidos -como la libertad y la seguridad-, no le pasa tan fácilmente a estado líquido. Ahora bien, yo supongo, pero la eminencia no nos lo especifica, que hay corazones líquidos como el agua que brota precipitada desde las altas montañas; y corazones líquidos como la miel. Más densos, muy dulces; pero también más pegajosos, muy pegajosos.

Los corazones que están bien programados, como la thermomix, para seguir la misma línea de comparaciones, pueden funcionar de manera autónoma. Y obtienen unos resultados tan óptimos como las cazuelas de las viejitas negras peinadas con moñete bajo y gris. Ya prácticamente en extinción! Por eso acabaron saliendo las thermomix.

Y es que la seguridad del corazón, sin libertad, se convierte en esclavitud. Y un corazón libre, sin seguridad (el aquí te pillo, aquí te mato), se encarrila al caos total. Quien quiera un corazón libre, que tenga presente que se le puede fundir, tirando a más que menos, chamuscado. Pero tiene una solución: ¡envasarlo al vacío!

 

Simoneta

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