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Las ruinas de las ruinas de Palmira (2)

Epigrafía de Palmira s.III
19/11/2015

¿Entendemos que está pasando en Siria? ¿Sabemos cuál es su historia? ¿El porque de tanta violencia? Aquí tenéis la segunda y esperada parte del artículo sobre Palmira, porque todos nos hacemos conscientes de como la violencia desorbitada puede destruir el Arte y la Cultura, de belleza y riqueza milenarias, delante de nuestros ojos "inocentes" (?).

 

"He comido con deleite los dátiles de Palmira...",

 

dice un poema de Joan Vinyoli y, en efecto, el fruto de la phoenix dactylifera está en el origen del nombre arameo de la población: Tadmor ('dátiles', literalmente). Así es como lo mencionan los testimonios escritos más antiguos de la existencia de un asentamiento urbano en el oasis de Afqa -las tabletas de los archivos babilónicos (s. XVIII aC)- y también la Biblia: "Salomón fortificó Tadmor, en el desierto, y todas las ciudades de proveimiento construidas en el término de Hamat", leemos en el Antiguo Testamento (2 Cr, 8,4). La 'perla' del desierto de Siria era, desde tiempos lejanos, un cruce importante en la red de rutas comerciales que unían Asia Central, el Golfo Pérsico y Mesopotamia con el Mediterráneo, un punto de encuentro propicio a todo tipo de intercambios humanos; pero el apogeo de la urbe nombrada en latín Palmira tuvo lugar durante el imperio romano, como capital de una región autónoma de la Provincia Syria (desde el 64 aC) con la función primordial de proveer un escudo protector contra los ataques de los persas. Enmedio de unos y otros, Palmira prosperaba y forjaba su identidad singular, manteniendo su lengua propia: el palmiré, una variante del arameo.

La lealtat de Palmira a Roma preocupó a menudo a los capitostes del imperio y, ya en el año 41 aC, el triunviro Marco Antonio ordenó su saqueo, alegando que sostenía una política demasiado vacilante. Sin embargo, tres siglos más tarde, el gobernador de Palmira, el príncipe árabe Odenat, aprovechó una victoria de sus tropas contra los persas para obtener de los romanos el reconocimiento de rey y augusto de Oriente. Roma, muy ajetreada, entonces, con la crisis económica y política que la sacudía, se acontentó con estipular un pacto de alianza con ese 'nuevo' reino, sin sospechar los quebraderos de cabeza que pronto le ocasionaría, sobretodo desde que, después del asesinato de Odenat el 267, se encargara la viuda, una mujer de fuerte personalidad: Zenobia Septimia Bat Zabbay.


Zenobia's Last Look Upon Palmira (Herbert Schmalz, 1888)

Zenobia es sin duda alguna el personaje más famoso de la historia de Palmira, la heroína que desafió las áquilas de Roma y que conquistó el resto de Siria, gran parte de Mesopotamia, el sur de la península de Anatolia e, incluso, Egipto, en menos de tres años! Fue el emperador Aureliá (270-275) quien, después de derrotar el ejército de la reina rebelde en Antioquia y Emesa, sitió Palmira hasta hacerla caer de nuevo en poder de Roma, la primavera del año 272. Y el trato que los legionarios dispensaron a la ciudad insurrecta no difiere demasiado del que le han infligido recientemente los guerreros del Estado Islámico: esclavitud, tortura y matanza de la ciudadanía, y destrucción de monumentos y edificios. La diferencia está, evidentemente, en el poder destructivo de las armas utilizadas en un caso y en el otro. Si de ese antiguo esplendor, a pesar de siglos y siglos de decadencia y erosión, quedó un conjunto de ruinas susceptibles de ser reconstruidas, parcialmente, con los mismos materiales de los derribos; ahora, de las piedras de templos, arcos, tumbas y estatuas, derrocadas con potentes explosivos, sólo va quedando polvo. De eso se trata, de borrar las pruebas tangibles que sustentan la interpretación histórica.


Moneda de Zenobia

Cuentan las crónicas que Zenobia huyó de Palmira antes del asalto definitivo y que un pelotón de la caballería romana la capturó en algún lugar de la riba del Eufrates. Encarcelada y conducida a Roma, fue exhibida por las calles de la metrópolis en el desfile del triunfo imperial, atada con cadenas de oro. Por lo que respeta al destino final de Zenobia, todo es leyenda. Hay una que dice que, emulando el gesto de Cleopatra con Julio César y Marco Antonio, su última conquista fue la del corazón de Aureliá y que acabó sus días envuelta de lujos en una suntuosa vila de Tívoli. Como sea, y a pesar de ser Palmira uno de los imperios más efímeros de la historia, el recuerdo de la proeza de su soberana ha nutrido un mito duradero, con los famosos restos de fondo.

El poder evocador de los vestigios de Palimira era bien vivo cuando el 1784, entonces bajo el dominio del imperio turco otomano, la visitó el filósofo y orientalista francés Constantin-François de Chasseboeuf, conde de Volney. La huella indeleble que la visión de aquella "scène de ruines la plus étonnante" le dejó en el espíritu le inspiró para escribir Las ruinas de Palmira; un libro que circulaba en los ambientes antifranquistas como lectura recomendada, porque la obra, imbuida de las ideas revolucionarias del autor, contiene una recopilación de meditaciones destinadas a denunciar las fechorías de los tiranos y a criticar las pretensiones de veracidad de todas las religiones.


The Ruins of Palmyra (James Basire, 1757)
 
Más adelante, en los años treinta del siglo pasado, una dama inglesa a quién le gustaba frecuentar la Siria que, desde finales de la primera guerra mundial estaba bajo mandato francés, también se extasiaba con la contemplación de las ruinas y escribía que "el encanto de Palmira reside en su belleza cremosa, que se eleva de manera fantástica enmedio de arenas ardientes. Es deliciosa, impresionante, increíble, como la teatral alucinación de un sueño". La que describió el paisaje con tanto lirismo no era otra que la célebre Agatha Christie, que encontró en las regiones del Próximo Oriente los escenarios idóneos para algunos de sus más populares relatos de intriga. Cuando estaba en Palmira, la 'reina del crimen' solía alojarse en un hotel también con mucho encanto, situado en un lado del oasis, con una vista espectacular de los restos: el hotel Zenobia, y dicen que es allí donde redactó la novela Asesinato en Mesopotamia.
 
Los que habéis tenido la suerte de viajar a Siria y de conocer la Palmira anterior a la primavera de 2011, seguro que recordáis este hotel, inaugurado el 1930. Si no dormistéis allí, tal vez por lo menos parasteis allí y tomastéis un refresco en la terraza del local, sentados alrededor de uno de esos capiteles corintios -auténticos- que hacen de mesa. Tal vez también os explicaron la apasionante historia de la señora Marga de Andurain, la fundadora y primera directora del hotel, una aventurera vasca nacida en Baiona que, entre 1927 y 1936, se instaló en Palmira ostentando el [falso] título nobiliario de contesa. De Marga de Andurain cuentan que, mientras recibía los viajeros más ilustres que en la época iban hacia su establecimiento, ejercía de espía para los británicos, seducía a los beduínos de la región y que, de noche, se paseaba por los alrededores del oasis montada en su camello y blandiendo una cimitarra; en fin, se han contado muchas cosas de la contesa Margot, unas verídicas y otras no tanto, pero todas fascinantes y dignas de un carácter tan especial como el de la reina con el nombre de la cual bautizó el hostal.
 

Hotel Zenòbia anys 30
 
Parece ser que, hoy en día, el hotel Zenobia continúa de pie, pero más vale guardar silencio y no dar demasiadas ideas por el tipo de propaganda que difunde el EI con la intención de obtener repercusión mundial. Ahora bien, si resulta que las ruinas de Palmira, o las ruinas de las ruinas, tienen que ser liberadas de las manos de los 'bárbaros' mediante bombardeos, ya sean 'correctos' -los efectuados por los americanos o los europeos occidentales, naturalmente- o 'incorrectos' -los de los rusos, acusados de favorecer los intereses del gobierno de al-Assad-, quien sabe qué quedará de todo, de la Palmira antigua y de la moderna!... La lógica de la guerra es arrolladora, pero acompañada de la tecnología actual causa estragos del todo irreparables. Si ningún ingenuo se creía que la UNESCO, tal vez asistida por el potencial económico y militar del 'mundo civiizado' frente a un hatajo de fanáticos yihadistas, haría otra cosa que proferir lamentos y elaborar listas de bienes culturales desaparecidos o en vías de desaparición, supongo que ya habrá perdido la fe. Ni tan sólo fue capaz de componer una campaña de concienciación eficaz sobre lo que toda la humanidad iba a perder allí. Bueno, dejémoslo en incapacidad, si no queremos preocuparnos demasiado.
 

Hotel Zenòbia 1992
 
La pérdida de las ruinas de Palmira no es sólo la de un bello paisaje de postal para llenar los álbumes fotográficos de los turistas. Si así fuera, no haría falta que sufriéramos, porque en un futuro tal vez habrá quien ponga dinero para reconstruir el recinto tal i como era hace muy poco, a imagen de los miles de fotos que hoy tenemos, y para sacar más dinero de él, como no. A lo mejor nuestros nietos ya podran comprar billetes para irse de vacaciones a un parco temático llamado Zenobia World o Palmirolandia, explotado por algún empresario ruso, algún magnate de Texas o algún emir de Qatar. Lo que perdemos con la destrucción de las ruinas de Palmira, las milenarias, es la prueba material e insustituible de las acciones de nuestros antepasados, la que invita a reflexionar. Desmemoria histórica, esto es lo que conviene a muchos mandatarios de aquí y allá.
 
 
Cuando los que ahora rondan ufanos por las ruinas de las ruinas de Palmira hicieron volar las torres erigidas en el valle de las tumbas, supongo que no se fijaron en el texto de una inscripción que había cincelado en una de las piedras, la que pertenecía a una familia noble del tiempo de la reina Zenobia. El texto epigráfico, escrito en el viejo alfabeto semítico que ha conservado los motes de la ya desaparecida lengua palmirena, dice: "Quien ose abrir, profanar o destruir este mausoleo, construido por Xamsigeram bar Nurbel, no tendrá descendencia, perderá clientes y amigos, y por más pan que coma y agua que beba, nunca satisfacerá el hambre y la sed."
 
 
Margarida Castells
Filóloga, arabista y traductora
 
 

Archivado en: Arte y Conciencia
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